Muchas de las imágenes con las que identificamos los rostros de caudillos relevantes de nuestra historia rioplatense, son en realidad representaciones realizadas con mucha posterioridad a su muerte.
La conocida litografía de Bacle, basada en el célebre retrato de Pellegrini, se convirtió en la verdadera imagen oficial de Estanislao López, circulando ampliamente junto a la biografía del caudillo federal.

Muchas de las imágenes con las que identificamos los rostros de caudillos relevantes de nuestra historia rioplatense, son en realidad representaciones realizadas con mucha posterioridad a su muerte.
Tales los casos de Francisco Antonio Candioti, Martín Miguel de Güemes y Francisco Ramírez, que nunca fueron retratados en vida. De José Gervasio Artigas solo tenemos un dibujo que lo representa en su retiro paraguayo, ya muy anciano.
Conocemos en cambio, la fisonomía del caudillo santafesino Estanislao López por una litografía de 1830, tomada del retrato concebido por el pintor Carlos Enrique Pellegrini, contratado por Juan Manuel de Rosas a tal efecto.
Como la intención de Rosas era producir una biografía de López y un retrato que permitiera visualizarlo, seguramente aspiraba a una presentación simultánea de ambas obras, como ocurrió luego con la de su propia biografía, que fue postergada para que coincidiera con la de su retrato.
Pero, considerando que las "Noticias Biográficas" de López, atribuidas a Pedro De Ángelis, se pusieron a la venta el 27 de agosto en Buenos Aires (lo anunciaba El Lucero de ese día), y que el retrato al óleo de Pellegrini recién salía de Santa Fe el 10 de octubre, según la carta del gobernador santafesino dirigida a Rosas en esa fecha, la simultaneidad no ha sido posible.
Pellegrini regresó a Buenos Aires luego de un mes de trabajo en el que, aparte del retrato del gobernador, pintó los de Pascual Echagüe y las esposas de ambos, según la referida correspondencia de López en la que le anunciaba el envío de los cuatro cuadros. No se menciona en ella el del suegro de López, el médico Manuel Rodríguez, que también se le atribuye a Pellegrini.
Es posible que los retratos fueran concluidos en Buenos Aires, o que, en el caso de López, se pintara otro de idénticas facciones, pero con un uniforme sencillo, a partir del cual César H. Bacle o su esposa Andrea, pudieron confeccionar la imagen que se publicó enseguida y que es la que conocemos y la que proporcionó un rostro "oficial" de López a todos los pintores posteriores hasta hoy.
Fuera como fuera, el tarjetón de la litografía de Estanislao López, de 20 x 31,5 centímetros, circuló en Buenos Aires y en las provincias, junto al librito que contiene su biografía, y formó parte en ese tiempo de una colección de figuras nacionales que la misma empresa litográfica publicó a solicitud del gobierno.
Se ha denominado a este conjunto de retratos "la primera iconografía patria de difusión masiva del país".
Se conserva en el Museo Julio Marc de Rosario una impresión litográfica del retrato de López hecha sobre tela, confeccionada a pedido de Laurentino Candioti (o de sus padres), exalumno del Instituto San Jerónimo, como muestra de gratitud y homenaje al fundador del establecimiento.
El retrato, que es posterior a 1835, aparece invertido en relación con los conocidos (efecto espejo) y está estampado en la Imprenta del Comercio fundada ese año por Bacle. Es la única litografía conocida del artista realizada sobre un soporte textil.
Recuerda a su vez Taverna Irigoyen, que en 1836 el retrato de López fue publicado, entre otros, en el "Almanaque Federal para el Año Bisiesto", siempre reproduciendo la litografía de Bacle. También han circulado ejemplares coloreados de la litografía del Brigadier, mejora que realizaba Andrea Bacle manualmente con gran realismo.
Con disgusto, López había posado ante Pellegrini para que pintara un retrato al óleo cuyas características desconocemos. Lo que sí sabemos, porque López lo aclara en su nota, es que no fue retratado con uniforme militar, sino con la vestimenta que usaba a diario, puesto que, según su propia expresión, se colocaba su casaca de Brigadier General una vez al año.
De su costumbre de vestir como paisano, da cuenta el General Iriarte en sus memorias, cuando cuenta (en tono despectivo) que López, luego de la firma del Pacto del Pilar en 1820, se hospedó en su casa y "se presentó en traje de gaucho, con chiripá". Años después, acusaría López la recepción de un uniforme que Rosas le enviara, repitiéndole que no era necesario ya que no lo usaría.
Debe ser este el que figura "sin ningún uso" en el inventario de sus bienes y cuya pechera y puños fueron donados por sus descendientes al Museo Histórico, donde se exhiben actualmente.
¿Si Pellegrini llevó los cuatro retratos, cómo es que luego regresaron a Santa Fe? ¿Era necesario que Rosas los viera para disponer el pago de los 3.800 pesos que se le abonaron al pintor en diciembre de ese año? ¿Qué destino tuvo el retrato del Brigadier, más allá de su reproducción litográfica? ¿Lo conservó este junto al de su esposa?
¿Son estos los dos retratos que se consignan en el inventario de bienes del difunto Estanislao López y que recibió su hijo Martín junto a un grabado de Napoleón?
Es muy probable que Pellegrini hiciera en Buenos Aires un retrato definitivo, que debió ser el que podía apreciarse en el fuerte de Buenos Aires, según se menciona en algunos documentos cuando se tomó la leyenda que tenía inscripta, como posible texto a agregar en la lápida que hizo confeccionar Rosas para la tumba del Brigadier en 1846.
No creemos que fuera una simple litografía, aunque sí pudieron serlo los cuadros que ordenó colocar Echagüe en las oficinas públicas de Santa Fe en 1843.
El interés de Rosas al disponer la redacción de la biografía de López y la confección de su retrato, lejos estuvo de fundarse en un mero sentimiento de amistad.
Téngase en cuenta el contexto en el que esto ocurría, cuando el general José María Paz terminaba de vencer, en dos oportunidades (La Tablada y Oncativo) al general Facundo Quiroga y había desplazado del gobierno de Córdoba a Juan Bautista Bustos.
López por entonces ya llevaba doce años gobernando, mientras que Rosas recién comenzaba, habiendo accedido al poder porque el santafesino había vencido a Lavalle en Puente de Márquez, dejándole el campo libre para ganar los espacios que lo llevarían al gobierno en diciembre de 1829.
No se le escapaba a Rosas la importancia que revestiría López en la guerra que se avecinaba, como principal figura política militar del litoral.
Por ello escribía a Manuel José García en marzo de 1830 señalando la importancia de que se publicara esa biografía para "ligar más y más nuestras relaciones con López -decía- y que el mismo mundo vea que nuestra amistad es inseparable, porque los años y la buena fe la han fortificado. El otro (motivo) es el que Paz vea que somos hombres que cumplimos nuestros compromisos".
En esa línea de pensamiento se inscribe también la idea de retratar y difundir la imagen del Brigadier.
"El general López era alto y de buena presencia, color moreno y vista firme", escribe su contemporáneo Urbano de Iriondo. No tan moreno si nos atenemos a la descripción de Alexander Caldcleugh, quien en su libro de viajes anota haberlo conocido en 1821, cuando se encontraba en campaña luego del combate de Coronda en el que había vencido a Ramírez.
"Era un hombre alto, de tez menos morena que la común (…). Tenía sobre el ojo derecho la marca de un terrible sablazo". Estos datos ratifican en qué medida reproduce fielmente el verdadero rostro de López la litografía de Bacle.
La tez no es ni tan blanca ni tan morena, y se ve con nitidez la cicatriz a la que alude Caldcleugh sobre su ojo derecho, secuela de una herida recibida en circunstancias que no han quedado documentadas, pero que acentuaba el ya mítico prestigio militar del retratado.
Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos.




