"Teresa tenía 8 años cuando oyó a sus padres que hablaban de su hermanito Andrés que estaba muy enfermo y que no tenían dinero para la operación. Un día Teresa oyó decir a su padre: 'Sólo un milagro puede salvar a Andrés'. Sin esperar, Teresa fue a su habitación y contó cuidadosamente las monedas que había ahorrado. Se fue a la farmacia y le dijo al farmacéutico: 'Mi hermano está muy enfermo y quiero comprar un milagro. ¿Cuánto cuesta un milagro?'. 'Lo siento, pero aquí no vendemos milagros. No puedo ayudarte', le contestó. El hermano del farmacéutico, que estaba allí en aquel momento, se acercó y le preguntó a la niña: '¿Qué clase de milagro necesita tu hermanito?' Ella le dijo: 'Mi madre dice que necesita una operación y quiero pagarla con mi dinero'. '¿Cuánto dinero tienes?' le preguntó. Tengo un dólar y cinco centavos, contestó Teresa. Estupendo, qué coincidencia, sonrió el hombre, 'eso es exactamente lo que cuesta un milagro para tu hermano'. Tomó el dinero de la niña y le pidió: 'Llévame a tu casa'. Ese hombre era el doctor Carlton Armstrong, un famoso cirujano. Y operó al niño gratis".