Tanto hombres como mujeres, desde sus infancias, suelen cargar con el peso de los mandatos sociales. Los mandatos producen una autolimitación en algún área del ser o sobre la manera en la que una persona se relaciona. Estos mensajes pueden recibirse de figuras cuidadoras significativas, frecuentemente de parte de madres o padres. Los mandatos pueden ser mensajes que salen desde el plano inconsciente, es decir, que pueden no ser explícitos. Un ejemplo de mandato puede ser cuando un bebé llora de manera efusiva y alguien de la familia dice: "¡Qué carácter tiene ese niño!", siendo que es natural que los bebés lloren cuando tienen hambre, sueño, dolor, etc.

































