Se posa en mi mano sin pedir permiso. No pesa, pero su presencia es inequívoca, como si una campana minúscula hubiera sonado y todo el aire, por un instante, se acomodara alrededor de su vestido rojo. La mariquita -también conocida como vaquita de San Antonio, catarina, o ladybug- abre y cierra sus alas duras con un latido lento, casi respiración.

































