Los patios han sido durante siglos el corazón de las viviendas, más allá de las dimensiones y formas que unos y otras pudieran asumir. Ampulosos, espectaculares, los de los ricos; modestos, los de menores recursos. Necesarios, desde el punto de vista higiénico, esos espacios de luz y aire, permitían que las casas familiares respiraran y que los rayos del sol, mediados por galerías de transición, contribuyeran a controlar la reproducción de ciertos gérmenes.

































