A través de estos testimonios, quizá hay una certeza que se asoma: sea quien sea el nuevo jefe de la Iglesia Católica, nadie podrá borrar del corazón de miles de personas LGBTIQ+ la caricia que sintieron en estos últimos años, nadie podrá quitarles la seguridad de que son dignos y amados. La Iglesia de puertas abiertas es el legado de Francisco. Hay quienes creen que el acento en la misericordia propició una mirada relativista, pero no hay nada más rotundo que la incondicionalidad del amor de Dios, que fue, en el fondo, el mensaje más claro y potente del Papa. Como les dijo a los jóvenes en Lisboa: “En la Iglesia ninguno sobra, ninguno está de más, hay espacio para todos. Así como somos. Todos. Y eso, Jesús lo dice claramente cuando manda a los apóstoles a llamar al banquete de ese Señor que lo había preparado. Dice: vayan y traigan a todos: jóvenes y viejos, sanos y enfermos, justos y pecadores. Todos. Todos. Todos. En la Iglesia hay lugar para todos. El Señor no señala con el dedo, sino que abre sus brazos; es curioso, el Señor no sabe hacer eso, sino que hace esto. Nos abraza a todos”.