Los industriales, como antes los docentes o la justicia electoral, piden vacunas para garantizar producción, educación y elecciones, aunque sean postergadas. Son acciones corporativas, como si la sociedad pudiera funcionar trozada. Toyota, por ejemplo, debió suspender un turno de producción por contagios “que no son de la planta”, por mucho que aplicó los restrictivos protocolos.



































