Paseando por Roma las cosas se ven claras. Desapareció el Imperio, nos quedó la cultura como el hecho trascendente que no se puede evitar, esquivar o ignorar. Somos parte inevitable de una demostración que hace eso: dar el certificado de existencia del arma más poderosa que se pueda imaginar, el pensamiento. Es muy crudo, es abrupto salirse de esta vía de análisis pero es necesario: Argentina carece de un resguardo de aquello que le fuera dado, y al no conservarlo vive de mutación en mutación de lenguaje, de pensamiento, de objetivo, de poder.


































