El acta capitular del 12 de abril de 1651, que testimonia la decisión de la transmuta urbana a una rinconada de la estancia de Juan de Lencinas, junto a la laguna de los Quiloazas (ahora, Setúbal o Guadalupe), se conserva en el Archivo General de la Provincia de Santa Fe, lo mismo que algunos deteriorados folios del acta fundacional de 1573, o el primer registro de marcas de ganado del Río de la Plata (siglo XVI). El repositorio completo ofrece una enorme cantidad de información sobre la ciudad y la lenta configuración de la provincia a través de los días, los años, las décadas y los siglos. Visto desde nuestra actual perspectiva, es casi un milagro. Tanto, que cuando en 2005 nos visitó Martín Almagro Gorbea, integrante de la Real Academia de la Historia de España, reconocido arqueólogo europeo, profesor universitario, exdirector de importantes museos y autor de más de 500 libros y artículos sobre historia y arqueología, nos hizo ver con luz nueva un hecho prodigioso velado por la habitualidad. Luego de recorrer las ruinas de Santa Fe la Vieja y de visitar los archivos General de Santa Fe y del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales, en una entrevista con El Litoral, realizada por Emerio Agretti, hizo una apreciación que ensanchó de orgullo el pecho de los santafesinos.