Parece que va a llover. Estoy desayunando y distingo como la claridad gradualmente va habitando el bosque. Ya repercuten las variaciones estacionales, la prolongación de la luz, y el desperezar de la savia en las ramas mustias de los árboles. El placer del mate y el silencio destilan sobre el ambiente complicidades y mansedumbres. Pienso en vos, que estas lejos. Es temprano para llamarte por teléfono. Seguramente aun estás en la cama. Intuyo que la noche se te hace eterna en esa conjugación de mantas y dolencias. Tratás de ubicar tu cuerpo, que apenas te responde, en alguna posición amable, sin lograrlo. Permanecés mirando el techo, mientras los minutos pasan tan lentamente, que la existencia te sabe interminable. Hablás con Dios. Le pedís que calme el tormento de los huesos y juntás coraje para levantarte.


































