Para escribir estas crónicas suelo nutrirme de sucesos reales pero, en gran medida, completo la historia dejando volar mi imaginación literaria con el propósito de hacer más atractivo el relato. Pues bien, en la entrega de hoy me vi obligado a invertir la fórmula. Es que la realidad de los hechos que voy a contar son increíblemente fascinantes y no requieren más que algunos mínimos toques de ficción. En otras palabras, más que un relato fantasioso lo que hoy cuento es un testimonio. Un testimonio olvidado.


































