El fútbol tiene esas historias que, por más que parezcan pequeñas, terminan convirtiéndose en enormes. Para un chico de 14 o 15 años, entrar a una cancha de Primera División, observar las tribunas, sentir el césped bajo sus pies y saber que del otro lado estará nada menos que la Selección Argentina puede transformarse en un recuerdo para toda la vida.


































