—En nuestra agricultura, nos tenemos que preocupar por un esquema que veo como “minero”, donde extraemos mucho más nutrientes de los que reponemos. El caso del fósforo es notable. Y nos tenemos que preocupar por este sistema casi quirúrgico de apagar y prender la vegetación cuando uno quiere y en un ciclo, en general, corto: con glifosato, suprimir malezas; con la siembra, activar de nuevo la vegetación. Y las malezas resistentes son un problema. Nuestro sistema está colapsado por los excesos hídricos, las malezas resistentes y, agregaría, que este sistema que requiere tanto herbicida también le está generando un rechazo grande a la sociedad. Somos campeones en el uso de glifosato, y si se ven los estudios de toxicidad, no es la molécula más tóxica de los pesticidas. Pero la cantidad que usamos es única en el mundo: Estados Unidos usa tres veces menos por tonelada y por hectárea que nosotros.