Un camino distinto adoptó México a partir de 2018. Allí el Instituto Nacional Electoral (INE) optó por el acuerdo con las principales plataformas digitales, convencido de que una regulación punitiva sobre las redes sociales y las noticias falsas podía poner en riesgo uno de los derechos fundamentales de la democracia, la libertad de expresión. En virtud de estos convenios, las plataformas se convirtieron en canales potenciadores de la información oficial sobre el proceso electoral -con el propósito de neutralizar las noticias falsas-, e incluso transmitieron los debates presidenciales. En forma paralela, más de 60 medios de comunicación conformaron una alianza, cuyo objetivo fue detectar, en un trabajo conjunto de investigación, las noticias falsas y analizar cuán verosímiles eran las propuestas de los candidatos.