-Teniendo en cuenta el contexto del que veníamos, con un default privado como no recordábamos que haya pasado antes, con empresas sin pagar a sus proveedores del exterior por seis meses, con un 200 por ciento de inflación, un desorden monetario y financiero importante y, sobre todo, muchas dificultades para acceder a los insumos necesarios para seguir produciendo, llega este gobierno respaldado por la esperanza de la gente y la necesidad de un cambio, de que algo había que hacer. No había que ser especialista para saber que había que empezar a ordenar las variables, empezar a controlar la emisión monetaria, recomponer reservas, una posible devaluación y controlar la inflación. Lo que nunca podíamos prever era la velocidad y la crudeza con que se tomaron ciertas medidas, que desembocaron en una caída histórica de producción y ventas que afecta a las pymes, los jubilados y la clase media. Estamos esperanzados en que este tremendo sacrificio que está haciendo una parte de la población sirva para algo y sea la base para implementar un plan económico que incluya al sector productivo. Estamos convencidos de que en estas condiciones exportar es casi imposible, salvo el caso de los productos primarios; que veremos en los próximos meses si la devaluación de diciembre, que perdió mucho de su impacto, sirve para que los productores liquiden las ventas al exterior, como el gobierno está esperando. Y este control de la emisión monetaria que ha producido una aspiración de dinero importantísima, con tasas de interés positiva y el precio del dólar atrasado, sabemos cómo lamentablemente impacta en el comercio y la construcción.