En la década del 80, Israel tenía una inflación promedio del 500% anual. En 1985, el entonces gobierno de coalición de los partidos Laborista y Likud aplicó un plan de shock y logró reducir la inflación al 20% en la década del 90, para llegar gradualmente a un promedio del 1% al 3%. El plan de estabilización incluyó elementos ortodoxos y heterodoxos, como la reducción del déficit fiscal y de la emisión monetaria, el congelamiento del tipo de cambio y controles de precios. Asimismo, incluyó un acuerdo con Histadrut, la mayor central obrera israelí, para ajustar los salarios de manera planificada. Además, otorgó independencia total al Banco Central para determinar las tasas de interés y la política cambiaria, y le prohibió emitir para financiar déficits fiscales. Pese al esfuerzo que implicó para la población, el plan tuvo un fuerte apoyo de la sociedad. Durante el encuentro, Trajtenberg señaló que en los 80 la gente en Israel se había convencido de que la alta inflación era un problema sin solución, con el que debían acostumbrarse a convivir. La clave del plan fue la credibilidad del compromiso de la coalición de gobierno, que permitió romper esa noción instalada.