Sobre esta base, cobró fuerza una corriente de pensamiento de que la impunidad que habían generado las "leyes de amnistía" se hacía difícil de sostener. En 2001, un tribunal federal declaró la invalidez de esas leyes. Dos años más tarde, el Congreso le otorgó jerarquía constitucional a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad (ley 25.778), y sancionó una ley que declaraba que las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final eran "insanablemente nulas" (ley 25.779). Debido a esta anulación, se reabrieron varios casos importantes contra ex líderes militares, pero persistía la incertidumbre acerca de su confirmación por parte de la Corte Suprema. La duda fue disipada en Simón, que declaró nulas las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final, y confirmó la constitucionalidad de la ley 25.779.