—Siempre, de una u otra manera, la reforma constitucional estuvo sujeta a las posiciones sobre la eventual reelección del gobernador. En algunos sectores estuvo siempre de manifiesto esa preocupación, que fuera en verdad una cuestión de coyuntura política o de mero oportunismo. No entendemos nosotros que pueden formularse críticas a este intento de reforma, puesto que se trabajó intensamente y en la que, además, si era una condición para llevar adelante la reforma constitucional el gobernador Lifschitz dejó en claro la necesidad de que no existiese la reelección, es decir, que él estaba dispuesto a marginarse expresamente. Con lo cual esa objeción no tenía ningún tipo de fundamento en el caso de Miguel Lifschitz, porque lo que se priorizaba era la modernización jurídica de nuestras instituciones, de nuestra Constitución, de nuestro orden jurídico. En definitiva, entiendo ahora que todas esas excusas que se plantearon en función de la oportunidad no tendrían relevancia en función de los tiempos. Nos encontramos con un nuevo período, hay cuatro años para el nuevo gobierno, así que hay tiempo inclusive como para llevar adelante el debate, elegir los constituyentes y cumplir con todo el proceso que implica una reforma en un marco de consensos, que es lo que hay que construir. Nosotros en Santa Fe no lo hemos puesto suficientemente en valor, en este país donde pareciera ser que se trata de exacerbar las diferencias, donde permanentemente incurrimos en descalificaciones, donde se exacerban los conflictos. Creo que nosotros hemos construido un escenario de diálogo y de búsqueda de consensos en todos estos años y que, de alguna u otra forma, hay que resaltarlo; y es así porque constituye un logro, en definitiva, del conjunto de la sociedad santafesina. Lo tenemos que defender y optimizar en aras de esta discusión que vamos a llevar adelante y que, sin lugar a dudas, va a mejorar nuestras instituciones y nuestro funcionamiento en general, como Estado.