Hace poco más de un año, las imágenes del traslado de cientos de presos a una nueva prisión de máxima seguridad en El Salvador circularon alrededor del mundo. El presidente salvadoreño Nayib Bukele había intensificado su ofensiva contra el crimen organizado y para ello había construido en siete meses una megacárcel con capacidad para encerrar a 40.000 personas.



































