No es difícil, en esta enumeración y sucesión de conexiones, detectar un sistema de premios, castigos y presiones. De la oposición, que se vale de la herramienta constitucional de restar quórum o de condicionar su asistencia, para modificar el temario. Del oficialismo, que sólo acepta tratar temas de interés general (como los jueces para Santa Fe) si van dentro de un "paquete" con motivaciones más particulares. De determinados senadores, que atan su conducta a la concesión de determinadas peticiones, de distinta naturaleza. Y del Senado en su conjunto, incapaz de sesionar de manera regular, acudiendo para ello al mecanismo habitual de acordar en reuniones de comisión parlamentaria un temario al menos mínimo, factible y alineado con las necesidades de la población. Y no solamente librado al juego de intereses y extorsiones cruzadas, que subvierten el marco de negociación propio de estos espacios de la democracia, llevan innecesaria e inexcusablemente a la parálisis. Y no dejan de alimentar el descrédito de la política que alienta la prédica anti-sistema.