Luis Rodrigo
Tomaba café en la vereda del bulevar, frente a la Universidad, envuelto en la nube del habano que trató de ocultarle al fotógrafo. Estaba sólo, porque así se está cuando se ha quedado tan lejos del poder. Y de traje, para el acto que lo esperaba en la Legislatura. A José María Vernet, lo reconocieron muy pocos santafesinos de a pie cuando vino para celebrar los 30 años de democracia.
Era previsible suponer el pelo blanco, pero no que una barba rala le afilara la cara. Es otro sin aquella papada regordeta, en media luna, bajo la sonrisa que guardan las fotos en blanco y negro de El Litoral, de cuando gobernaba Santa Fe. Vernet era un presidenciable, hasta la aparición de Cafiero primero y de Menem después, y de unos cuantos problemas en la provincia.
En su gobierno, volvieron la bandera tricolor y el eslogan que hablaba de “la provincia invencible” del brigadier López. Hoy, sin embargo, Vernet mira con desconfianza a los caudillos.
Cuando ganó Alfonsín, en 1983, también lo hizo en Santa Fe. Pero para la Casa Gris hubo un corte de boletas y (como en la ciudad) ganó el peronismo. Había una situación política que luego conocerían los gobiernos de Binner y Bonfatti. Vernet gobernó con el Senado provincial en manos de la oposición, además de un gobierno nacional de otro signo partidario.
"Tuvimos varios golpecitos"
Habló de los ’80, y de los ’90. Y de estos últimos años con los que no se lleva muy bien. “A veces, prefiero solamente pensar que mi sentido común no es el de los demás”, dice al afirmar que aquélla “era una sociedad del tener y del ser; ha terminado por ser sólo la del tener”.
“No, quizás no”, admite hoy cuando se le pregunta si Ítalo Lúder (el candidato a presidente del PJ del ’83) habría llevado a cabo los históricos juicio a las juntas militares, que llevó a cabo Alfonsín. “Había mucha pasión, mucha gente comprometida con el gobierno militar. Los jueces, la policía, los medios, les guste o no les guste que lo diga hoy, pensaban en que iban a volver los militares... Y cuando uno de alguna forma tocaba eso, se molestaban. En el ’83, nadie pensaba que esto iba a durar 30 años. Nosotros mismos no pensábamos que nos iban a dejar terminar el gobierno. Recién en Semana Santa empezamos a vislumbrar una posición de reacción popular que nos iba a permitir seguir adelante. Creo que la democracia se consolida con la caída del último golpe de Seineldín y hay que recordar que antes tuvimos varios golpecitos”.
—¿Qué piensa cuando lo ve a Aldo Rico, sumado al sistema democrático y al peronismo?
—La democracia es eso. Es inclusión y derecho a participar. No prohíbe los derechos. Y él tiene un derecho que no tuvimos muchos en otro momento. Lo que hizo es problema de él.
La democracia tiene que habilitar a participar, no como ocurre hoy con los medios estatales que vemos últimamente... La provincia de Buenos Aires en 2011 gastó un millón de dólares por día en publicidad del gobernador, yo nunca vi eso. Cuando yo era gobernador, se anunciaban los actos oficiales, se pasaba a la prensa información sobre el gobierno. ¡Un millón de dólares por día! Deben unas 100 ó 200 viviendas por día. En mi período hicimos 18 mil viviendas, creo que desde que me fui no se hicieron más que 12 mil. Con ese ritmo, hoy no tendríamos villas.
—¿Cuánto de lo que se propuso pudo hacer?
—Poco, poco. Pero uno presta un servicio; no se da un gusto. Era un momento en el que no sabíamos en verdad si íbamos a poder terminar el mandato. La candidatura yo la acepté cuando una organización de derechos humanos me garantizó que mis hijas iban a poder terminar el secundario en México, por si me pasaba algo. Eran los riesgos... Hoy tenemos los Fariñas, son otros los personajes en la política.
—Triste ¿no?
—No. Sólo pienso que mi sentido común no coincide con el sentido común de esta época. Era una sociedad del tener y del ser; ha terminado por ser sólo la del tener. Uno ve la ciudad de Rosario y piensa en la narcoproducción y ve unos edificios difíciles de explicar... Se calcula que Rosario es el quinto puerto exportador del mundo, pero en granos no es el quinto del mundo... 220 asesinatos por sicarios quieren decir algo. ¿Es normal? Es difícil salir de los lugares que entramos por un billete.
—El aniversario lo pone otra vez ante los santafesinos. ¿Cómo cree que lo recuerdan a Ud. al gobernador del ’83?
—No sé. No tengo idea. Fue una etapa. Yo duermo bien. Cumplí mi mandato, entregué el mando cuando correspondía. Desaparecí de la política como corresponde a los grandes valores democráticos. Recuerdo un día cuando a mis hijos les dije: “Se acabó el gobierno y papá vuelve a ser un ciudadano más y volvemos a la vida común”. Y mi hija más chiquita, que tenía seis años, me preguntó: “¿Y ahora cómo nos vamos a llamar nosotros?”. Hay que evitar las reelecciones.
—No hablemos del fallo y de Clarín, pero ¿cómo lo trataron los medios de Santa Fe?
—Sí, sí, hablemos... Mire, en esa época, como siempre, los medios fueron un poder influyente que defienden más intereses económicos que necesidades, pero había en 1983 una ley del Proceso donde no se permitía el monopolio. Eso se deformó con Carlos Menem y ahora se está tratando de volver a la normalidad. Los medios son un poder y tienen que ser democráticos, pensemos claramente que la democracia para lo único que sirve es para que no haya tiranía ni dictadura, y yo agregaría: ni monopolios, ni poderes fuera del Estado.
Falta una etapa de fortalecimiento democrático que creo que se está haciendo con mucha pelea todavía y muy lentamente.
Creo que los medios, en ese momento, jugaban de acuerdo al proceso histórico del que venían.
En la Argentina, hacía más de 30 años que nadie terminaba un gobierno, entonces era lógico que yo no lo iba a terminar... Te atendían socialmente bien y políticamente mal, esperando la vuelta del proceso militar.
Yo siempre recuerdo que la dictadura fue también un hecho cultural, además de un período muy violento. Cuando llegué a la gobernación, los asistentes privados me decían: “¿Café, almirante?’’. Eso es el proceso, cuando está metido en la vida de la gente y su subconsciente. Era la vida natural de esta sociedad. Era mejor ser amigo de un cabo que de un político.
—Los nombres de cada jefe de las fuerzas armadas eran archiconocidos.
—Todos vivíamos esa sociedad, que se cortó en el ‘83. Cuando hice el discurso en Legislatura presenté todos los planes de gobierno y dije al terminar que “todo esto no va a valer de nada si no tenemos la capacidad de sentar a otro ciudadano elegido por el pueblo en este lugar”.
Gracias a Dios, hoy la gente está aburrida de votar. Cuando hablo con los jóvenes les digo “piensen muchachos que yo a los 39 años voté por tercera vez en mi vida, y voté por mí”. Se sufría mucho. La primera vez que voté, mi partido estaba proscripto.
La democracia necesita reglas de juego, una cultura, un modo de vivir que esté metido en la gente. Todavía hay mucho de enano fascista y de resabios autoritarios en nuestra sociedad. Todavía está el que cree que puede ejercer el poder sobre vos, el que busca la reelección para concentrarse en el poder y no la política.

































