En el contexto de otra administración hubiera sido un escándalo ver a un jefe de Estado argentino partiendo rumbo a Estados Unidos mientras sostiene un conflicto con el Reino de España, o mejor dicho con su presidente, a la sazón, el socialista Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Y todo porque su ministro de Transporte, Oscar Pérez, relacionó el uso “de sustancias” con la figura de Javier Milei. Pero eso no ocurre en la era libertaria, donde el primer mandatario y la mesa chica que lo sustenta tiene, casi como parte de su gestión, mantener disputas virtuales con diversos sectores y actores de la política local e internacional. El colombiano Gustavo Petro y el mexicano Andrés Manuel López Obrador pueden dar cuenta de ello.



































