Las empresas familiares representan una parte decisiva del entramado productivo argentino. Muchas nacieron hace décadas, atravesaron crisis económicas, cambios políticos y transformaciones sociales, pero continúan sosteniendo empleo, producción y desarrollo regional. Sin embargo, detrás de esa permanencia, existe una trama silenciosa donde los vínculos personales muchas veces pesan tanto como los balances.




































