Mario César Ricarte tenía 45 años, nació en Ataliva y vivió allí hasta que fue brutalmente asesinado esta semana. Se ganaba la vida haciendo changas. Todos los vecinos le daban trabajo, ya sea para cortar el césped, limpiar patios o para cualquier otra tarea. Así había forjado una relación especial, entre otros, con el párroco y no faltaba a misa. Fue atacado cuando dormía en su pieza y por el crimen se movilizó toda la comunidad de su pueblo del departamento santafesino Castellanos.



































