La noche del miércoles, en un rincón señorial de la ciudad —ese que respira a espaldas de la Laguna Setúbal—, un hecho ínfimo se volvió en dramático. Bastó que alguien, con la desidia propia de quien ya no tiene nada que perder, prendiera fuego a un montón de ropas viejas frente a una casa abandonada en Padre Genesio.


































