La mujer estaba tendida en la cama, en medio de un charco de su propia sangre, que continuaba saliendo de la herida que tenía en la espalda, mientras su pareja permanecía parada a unos metros, mirándola. Así fue como se encontró la testigo a su hermana, que apenas la vio le urgió que buscara ayuda: "No puedo respirar, llamá a una ambulancia".


































