“Lo peor de todo no fue el momento de la fractura… Lo peor fue cuando el doctor Pizzi, al mes, me dijo que el callo no se había consolidado y que se había desviado la fractura porque los médicos de la Afa me mandaron a caminar antes de tiempo. Entonces, tenía que quebrarme otra vez, no para volver a jugar sino para que pueda volver a caminar”. A 50 años, ese es el recuerdo que le queda a Gustavo Ripke de aquella noche del 21 de abril de 1973 en la cancha de Independiente, cuando el uruguayo Arispe (lateral izquierdo del equipo que en ese momento dirigía el Bocha Maschio), le fue muy fuerte al volante sabalero y le provocó una fractura de tibia y peroné que lo dejó afuera del fútbol, cuando no sólo era uno de los mejores jugadores de aquél plantel de Colón, sino con una interesante proyección a futuro.


































