Dejaron todo. Dinámicos, abiertos, deseosos de la victoria. Fueron dos equipos decididamente entregados al objetivo de ganar. Colón no pudo mantener las dos ventajas que había sacado en el resultado. Se encontró con un rival que tuvo en su arquero (Espínola) y en Ojeda, el delantero que el Gallego Méndez tenía como solución en el banco, a sus dos figuras. Uno para clausurar su arco -más allá de que Colón convirtió dos goles- y el otro para convertirse en una pesadilla para una defensa, la sabalera, que estuvo extrañamente abierta en el segundo tiempo y con un retroceso plagado de dudas, evidenciado en la jugada del segundo gol de Godoy Cruz, que fue de contra cuando Colón ganaba 2 a 1.

































