(Enviado Especial a Buenos Aires) Fue una tarde “accidentada” la de la Isla Maciel. La derrota dolorosa por un lado, una cancha inexpugnable para Colón (perdió el tercer partido que jugó desde su retorno a la categoría de ascenso), la mala actuación del equipo, el increíble entretiempo que duró más de 45 minutos por la ausencia de una ambulancia y una necesaria autocrítica que debieron hacer los jugadores y el entrenador al término del partido, donde fue muy contundente lo de Ignacio Lago pero también hubo un reconocimiento de Ezequiel Medrán, que fue uno de los últimos en abandonar el vestuario visitante de la cancha de San Telmo cuando ya la oscuridad de la noche le había ganado el protagonismo a las luces de un día a pleno sol en capital federal, aunque Colón solo haya visto nubarrones. Y muy negros, si se lo referencia a la producción futbolística que tuvo el equipo.


































