Era una necesidad, casi una obligación. Las dudas carcomían a todos y erosionaban los cimientos más frágiles de la confianza. Venía de golpe en golpe este plantel. Había que ganar. Y si es posible, bien. Y si había más posibilidades, también jugando bien. No era pedir mucho. Era pedir lo que se necesitaba, lo que aliviaba el momento de incertidumbre, lo que podía calmar la situación y traer un poco de paz. Y se consiguió todo. El 3-0 (que pudo ser mayor) fue la clara muestra de la diferencia que hubo entre los dos. Colón logró que Municipal manifestara su expresión más mediocre y limitada. Eso fue lo bueno. Porque se dirá –con razón- que el rival ofreció muy poca resistencia debido a su bajo nivel y a sus pronunciadas carencias. Pero ahí estuvo el mérito de Colón, de hacer notar y que aparezcan esas deficiencias en toda su dimensión.





































