Colón se encontró con un rival que hizo todo lo que se suponía que iba a hacer: 1) no reventar la pelota y salir jugando desde atrás; 2) que todo pase por Pellerano y, en menor medida, por Mera; 3) atacar con ligereza y verticalidad por los laterales. Frente a eso, Colón no hizo nada. Pellerano fue figura; los dos por afuera también (Dájome lo enloqueció a Escobar y Sánchez fue peligroso y creador de la jugada del segundo gol) y Colón también le propició a Independiente del Valle una zona de confort muy peligrosa, sin encimarlo en la salida y esperando en su propio sector pero sin ser lo suficientemente ordenado como para impedir que Independiente, que sí estaba a sus anchas y jugando el partido que más le convenía, pudiese llegar hasta el arco de Burián, con el agregado que los ecuatorianos fueron muy eficaces, ya que los goles no llegaron como consecuencia de una acumulación de situaciones de peligro, sino que aprovecharon muy bien las cinco o seis claras que tuvieron, para marcar los tres goles que le dieron una victoria inobjetable en la balanza de los merecimientos.