La que se vivió en Montevideo, pareció la típica historia de amor no correspondido entre alguien que da todo (el hincha) con alguien que no puede devolver semejante entrega (el jugador) y por eso la historia queda inconclusa y sin ese final feliz que todos pensaban que se podía dar. La hinchada sabalera se encargó de sorprender a todos en el Centenario como ya había pasado en otros escenarios míticos de esta parte del mundo, como el Morumbí en esa inolvidable noche del 2 de agosto del año pasado. Pero a diferencia de aquélla noche paulista, esta vez no hubo festejo y hasta se escucharon algunos silbidos de reprobación.


































