Esa actitud algo especulativa del primer tiempo, fundamentada también en el resultado a favor que había conseguido en forma tempranera por parte de Colón, mutó en un segundo tiempo más ambicioso. Sobre todo a partir de algunas decisiones que se tomaron desde el banco. La primera fue jugar 20 metros más adelante. Y la otra, los cambios. Farías, Aliendro y Bernardi le dieron otra calidad y jerarquía al equipo. Y Colón fue al frente, inclusive luego del gol de Ferreyra que fue un “baldazo de agua fría”, porque en ese momento, Central no era más que Colón. Pero llegó el gol de Wanchope en una jugada con mucho de “surrealismo”. ¿Quién podía imaginarse que Colón iba a llegar al gol, de contragolpe y a través de una corrida de Wanchope?, casi nadie. Salvo el propio Wanchope, que corrió casi 100 metros desde su propia área para quedar mano a mano con Servio, dejarlo en el camino y definir desde adentro del área y de zurda, aún a expensas del cierre de algunos rivales, marcando el 2 a 2 definitivo.