Eduardo Domínguez, entrenador del único puntero e invicto del fútbol argentino, no quiere sorpresas en Colón. Evita los descuidos y el paso en falso. Tanto adentro como afuera de la cancha. Laburante, obsesivo, meticuloso. Confía en la repetitividad del esfuerzo, la famosa contracción al trabajo. Un "enfermo" de los horarios, de las normas, de las reglas. Como debe ser. Y con este elemento extra de la pandemia, mucho peor. O mucho mejor en realidad. Son varios los capítulos que se pueden escribir del "Modo Domínguez" en Colón contra el Covid.



































