El Litoral
Diego Negri venía peleando hace un año con un cáncer de páncreas: el sábado fue a festejar el 3-0 del clásico en la sede tatengue y el lunes falleció.

El Litoral
Darío Pignata
dpignata@ellitoral.com
Maldito cáncer. Se me murió hace años un amigo —el gordo “Manzanita” Morello—, zafó hace años otro amigo de lo mismo, el “Mudo” Tavella. La pelea todos los días, desde hace un puñado de años, mi cuñada Paula. Historias sobran. Finales lindos, finales de los otros.
“Hubo un tiempo que fue hermoso y fui libre de verdad... guardaba todos mis sueños en castillos de cristal...”
Pablo Negri tiene 35 años, es mellizo de Diego que ahora ya descansa en el Cielo. “Somos tres hermanos, Pablo y yo mellizos; Miguel, el más chico, tiene 31 y es raza”, me cuenta Pablo en esta semana que ojalá sea más santa que nunca para la familia Negri.
A una cuadra del Berna, en el corazón del barrio Mayoraz, se criaron los Negri. Familia de laburo, hogar encaminado por papá Hugo y mamá Susana Graciela.
“Mi viejo, cero fútbol. Guarda un carné de hace años porque iba a la pileta. Pero en realidad el que es enfermo de Unión es mi tío, José Luis Alvarez, que vive al lado de casa. Ahí arrancó todo ese sentimiento y después empezamos los dos, con Pablo, a ir a la cancha, a la Barra de las Bombas”.
Cuando los tiempos se complicaron por las obligaciones laborales y las necesidades económicas, ya no pudieron ir a la cancha. A sufrir por la radio, por la tele, como sea. Siempre las gastadas entre hermanos: los mellizos Diego y Pablo (35), de Unión; Miguel (31), el sabalero.
Ese fin de semana...
para dos...”




