Fragapane no vino porque Unión estaba inhibido y, posiblemente, porque sus pretensiones económicas excedían claramente lo que el club podía pagar. En esto es posible que las culpas sean principalmente de los dirigentes. Malcorra no vino porque su pretensión, en caso de salir de Rosario Central, era la de jugar y el técnico no estaba en condiciones de asegurarle titularidad en virtud de los buenos rendimientos de los mediocampistas, sobre todo de Rivero, el futbolista cuyas características se acercan a las de Malcorra. En esto, quizás la culpa sea del entrenador.



































