En el año 2003, ante la adversidad que significó la inundación para la ciudad de Santa Fe, la Universidad Nacional del Litoral (UNL) asumió un rol central en la gestión de la emergencia en un trabajo junto con la comunidad. De la experiencia vivida durante la catástrofe, surgieron el programa de voluntariado universitario, la planta de alimentos nutritivos, el desarrollo de proyectos de extensión y nuevas líneas de investigación vinculadas a la temática. Gran parte de la currícula universitaria se vio atravesada por esta situación. Toda la tecnología desarrollada a partir de las inundaciones tuvo impacto directo y a partir del año 2007 se generaron aportes de conocimientos específicos para el diseño de políticas públicas estatales centradas en la gestión de riesgos y resiliencia.

































