“Lo primero que está ocurriendo en estas condiciones de caudales bajos es que varios cauces secundarios menores que están conectados directamente con el cauce principal del río Paraná están sufriendo sedimentaciones no sólo de arenas que hacen recrecer el fondo, sino también de limos y arcillas provenientes del río Bermejo, que esta vez muestran más concentración por el déficit de agua. Estos sedimentos finos son retenidos por la vegetación acuática de las márgenes de los cauces donde se acumulan y hacen disminuir el ancho del cauce. En suma, los cauces cercanos al cauce principal se están reduciendo en tamaño (ancho y profundidad) y en capacidad de conducción de agua, porque reciben una carga extra de sedimentos con relación a su capacidad hidráulica de transportarlos río abajo”, explicó Ramonell, tras aclarar que en este proceso de cierre de cauces, algunos incluso pueden desaparecer, mientras que islas que estaban separadas ahora van a quedar unidas. “En el sistema fluvial del Paraná, los cursos secundarios del río aparecen y desaparecen naturalmente. Algunos permanecen sólo durante 20 años, otros sobreviven casi una centuria y otros un par de milenios. No es un fenómeno novedoso, pero se acentúa en situaciones de bajante”, subrayó.