Antes, hace 40 ó 50 años, había un mandato social que se respetaba a rajatabla: a determinada edad había que ser propietario de una casa propia. Esa gran aspiración generacional, si bien se mantiene, ahora coexiste con otra tendencia quizás más relacionada -aunque no necesariamente- con los propósitos de las generaciones más jóvenes: la denominada "estabilidad residencial".



































