"¿Cómo que un casino para aprender matemáticas?", pregunta ingenuo un jovencito que recién entraba al evento. Sí, allí estaban dos estudiantes de matemática aplicada, que con una paciencia de monje budista explicaban en qué consistía la actividad: principios de aleatoriedad. Más allá un bar (de juego, claro), y los mozos eran estudiantes y divulgadores, y había mesas, y cada participante elegía la "comida" del menú, como las porciones de una pizza de cartón, y allí se iban a sentar con el desafío de un desciframiento matemático.



































