“Si se haría una auditoría, se abriría una Caja de Pandora”, deslizó con tono de secretismo un asesor legislativo. Aludía al Tribunal de Cuentas Municipal (TCM), el máximo órgano de control externo sobre el uso y destino de los fondos públicos que administra el Ejecutivo Municipal. Pero, ¿qué quiso decir? ¿Que acaso hay “irregularidades” administrativas en los controles, en el manejo de los expedientes, en la formulación de dictámenes? Lo cierto es que tal sospecha desprendida al pasar fue la antesala de una fuerte discusión que se iba a dar en el recinto del Concejo local.
































