Hay varios elementos que vuelven fascinantes a las golondrinas. El primero, que nadie las puede agarrar o tomar; por tanto, son soberanamente libres. Segundo, como orgullosas dueñas de sus destinos, inician una migración de más de 8 mil kilómetros desde el norte continental, en febril aleteo, hasta estas tierras calurosas.




































