Diego del Río se levanta temprano, hace el mate y comienza las labores cotidianas. No habla con nadie. No tiene con quien hablar. Está solo, en medio del humedal del río Paraná. Sus únicos acompañantes de esta experiencia de vida son los yaracés, carpinchos y gatos montés, entre otros. También, la gran variedad de pájaros que se acercan a compartir la rutina agreste mientras el guardaparques se ceba otro mate a la sombra de un aromito. No mucho más. Todo naturaleza.


































