“Consumir 2 o 3 frutas y medio plato de verduras como mínimo (en almuerzo y cena) todos los días es fundamental, ya que las mismas nos proveen vitaminas, minerales y oligoelementos que contribuyen a mejorar el funcionamiento del sistema inmunológico frente a agentes infecciosos. Preferir cereales integrales y legumbres, ricos en fibra, vitaminas y minerales, sustituyendo las pastas simples o rellenas, es una buena opción. Los alimentos y lácteos con probióticos, tales como yogur o kefir, son efectivos para mejorar el equilibrio de la microbiota intestinal y fortalecer el sistema inmune. Alimentos ricos en omega 3, como pescados de mar, son importantes por su acción antiinflamatoria, así como por ser cardioprotectores. De igual forma sucede con la incorporación de semillas (lino, chía), que podemos sumar a diferentes preparaciones para mejorar su valor nutricional. Consumir carnes, sus cortes magros, así como huevos, nos favorece principalmente por el aporte de proteínas, nutriente esencial para evitar pérdida de masa muscular y debilitamiento de las defensas. Es conveniente preferir aquellas blancas (pollo, pescado), por su menor contenido graso. Controlar el aceite en las comidas es importante, siempre crudo y en cantidad limitada (1 cucharada sopera por comida). Frutos secos como almendra, nuez, maní aportan aceites esenciales, y tienen propiedades antiinflamatorias y cardioprotectoras”.