Una puerta alta de madera con dos hojas y un timbre es el acceso al salón principal reservado para los selectos miembros de cada logia masónica santafesina. Las puertas se abren y aparecen esos símbolos. Calaveras, una espada junto a cada silla, un ojo pintado en la pared, un compás y una escuadra sobre una Biblia, y así. Están en todas partes, en las paredes, en el piso (que fue renovado hace poco), en las columnas, en cada mueble gastado por el paso del tiempo, y sobre todo en el altar que se erige al fondo. Todo tiene una distribución y un sentido. Nada está librado al azar. Nada sobra para iniciar la "tendida", como denominan a cada ceremonia o reunión. "Esos objetos tienen que ver con la simbología de cada ritual", explica Coronel.