Ya es Navidad y alguien, tras la celebración familiar, tira una bomba de estruendo. De repente, el perro de la casa sale corriendo; varios se ríen por ver la reacción al animal, como si fuese gracioso. Esa mascota de compañía, que tiene una sensibilidad cuatro veces mayor a la de un ser humano, corre porque sufre, trata de huir, de esconderse: "Está en un estado de desesperación y siente un miedo atroz".




































