La noticia llegó como llegan las cosas inevitables: en silencio, acumulada en mensajes. “Era un día muy cercano a la Pascua, el día siguiente. Me desperté, vi un montón de mensajes… y ahí tomé conciencia”, recuerda monseñor Sergio Fenoy, arzobispo de Santa Fe. La muerte del papa Francisco —Jorge Mario Bergoglio, el cura de Flores que llegó a Roma sin dejar de ser porteño— ocurrió, para Fenoy, en una fecha cargada de sentido: “Fue un hermoso día para morir. Creo que ha sido un regalo de Dios para él, porque era el día de Pascua”.



































