Es sábado por la noche. Reunión de amigos. Corre la charla fraterna y las cartas de truco quedan a un lado, luego de tres partidas. El lugar: el balcón de un piso de los edificios nuevos que se ubican en el costado oeste de la Av. Rivadavia. Al mirar la ciudad desde ese lugar de altura aparece un llamativo -cuando no preocupante- contraste.


































