En el barrio El Pozo, existió una playa que ostentó alguna vez la chapa de ser uno de los símbolos de la belleza natural y ribereña de la ciudad de Santa Fe. El césped estaba bien cortado, había arena, incluso se podía respirar el perfume de la vegetación autóctona. Las gentes llegaban con sus ropas de baño, sus conservadoras, sus sillones: el balneario se llenaba de santafesinos.
































