Lo primero que hace Mónica al levantarse es calentar agua, encender la radio y abrir las ventanas. Hoy tiene que salir temprano. En un rato partirá desde barrio Candioti hacia la costa por trabajo. Antes de todo eso ensilla el mate, pone musiquita y se asoma por la ventana a respirar el aire puro que anuncia la llegada de la Primavera para arrancar el día de la mejor manera. Alza la vista, acerca la bombilla a su boca, da un sorbo y mira hacia el este el horizonte de las islas desde el quinto piso. Algo anda mal. El aire que respira no es puro. Es una nube de humo gris con cenizas negras de pastos quemados suspendidas en el aire que trae el viento sureste. El humo entra por la ventana. Lo invade todo. La ropa, su pelo, las sábanas, las cosas del hogar. En pocos minutos el departamento está impregnado del humo de las quemas en la isla Sirgadero, detrás de Alto Verde, en medio del humedal del Paraná, en la ciudad de Santa Fe.

































